diumenge, 21 d’octubre de 2012

El otoño me regaló un puente






Ayer, el paseo otoñal
dulce y atrapado en el aire
me construyó un puente
hasta otra ciudad
por la que caminé.

Las paredes coloreadas
de las calles,

el mercado dominical
con gramófonos de trombón,
su olor a periódico
y café recién molido,

la pareja de ancianos
enredados en un tango


el sol azotando
la iglesia ortodoxa,

el parque japonés,
presagios flotando
entre el sol y sus sombras,

hasta llegar allá
donde el río decide
besar al mar

a ese banquito
donde me senté
a contar poemas,

y tomar una enorme bocanada
para quedarme allí,
donde los sueños
conviven entrelazados

hasta tal vez
el próximo otoño
cuando de nuevo el aire
me devuelva otros lugares


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