divendres, 15 de juny de 2012


El océano en Miraflores


Me despierto en un latido,
el océano me reclama.

No me canso del malecón,
de mi banquito de madera,
de esta soledad perfecta.

A mi alrededor,
las gentes empiezan su día
desayunando brisa y pájaros,
un rico aire en la cara.




A la hora de la siesta
la hierba acompaña,
el océano cómplice
regala la nana.



Al atardecer los banquitos
se entretienen con parejas bescuconas
y yo voy contando sus historias
como si fueran las mías.




Antes de acostarme
vuelvo a mi banquecito en el malecón,
porque siempre es distinto,
porque como amigo me alimenta;

me duermo rápido
soñando que amanezca,

ya el agua me llama.




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